No existe infancia saludable cuando de por medio se esconden las intenciones de los padres de convertir a sus pequeños en algo que ellos no fueron. Reinas de belleza por ejemplo.

Es posible que pintarle a una niña el cabello de rubio y embadurnarle las pestañas con rimel parezca inofensivo, sin embargo, que hay de la naturalidad, de la posibilidad de disfrutar de la vida mientras uno es joven.
No, no se puede. Las princesas lo son desde el día en que nacen y deben luchar por esa posición así les cueste esfuerzo, tintes, arrugas corregidas y mucho maquillaje. No hay infancia que no tenga su trauma bien asentado desde el mismo momento de la concepción.



