Este escrito quizás no debería estar aquí. El texto que ya había empezado a escribir era totalmente distinto, pero como ya me es costumbre últimamente he cambiado drásticamente el contenido casi a la mitad.
Un par de minutos de haber comenzado a escribir esto –lo que hago a mitad de un trabajo en equipo de la universidad- me he detenido para simplemente escuchar algo que llama mi atención. Claro está, mis compañeros platican acerca de un tema mucho más interesante.
Una de mis compañeras –según alcanzo a escuchar- habla en voz alta argumentando de la forma tan maravillosa en que ha bajado de peso asombrosamente en un par de semanas.
Otra persona en la sala, la cual es ajena al equipo de trabajo, comenta que a pesar de ser del sexo masculino también se siente preocupado por su peso y por su imagen.
Para hacer segunda, otra de mis compañeras comenta que el uso de las “inyecciones” si da resultados ya que comenta que ella ya las ha probado por un periodo prolongado de tiempo y ha podido ver que si hay resultados.
La primera de ellas en comentar, dice que esas inyecciones se las aplica una amiga suya que es doctora, y que le dice que toda la grasa del cuerpo la convierte en energía y que no tiene por que preocuparse, que incluso eso le da más energía para seguir con su día y a la vez bajar de peso con tan sólo inyectarse la sustancia. Eso si, mi cara se puso como pasita al escuchar este comentario.
El caballero -al que yo no conocía- se animó bastante al escuchar esto ultimo y comentó que el había tenido un problema con unos “jarabes” que se tomaba cuando iba al “gym” y que le habían provocado mareos y un rebote en su peso de manera espontánea, los cuales su “doctor” no le supo decir que eran y dejó de recomendárselos, por lo cual probaría suerte con las inyecciones a ver que tal.
Una de las chicas de la sala intervino y dijo que eran baratas, que ella también las usaba. “Las venden en cualquier farmacia… se llaman “preferimos no decirlo”…, los que te las inyectan nunca te dicen qué es, por que si las buscas tú, te salen más baratas”, dijo la joven estudiante.
“Inyéctatelas tú… Yo te digo como… Esta fácil… Sólo por encimita donde tu creas que quieres bajar” agregó.
“Pero se puede hacer una operación que es como engrapar el estomago para que nada se quede, ¿qué no?” respondió el joven queriendo poner alternativas sobre la mesa.
En este punto, no pude más que llevarme las manos a la cara. Era increíble lo que estaba escuchando. Yo, el vegetariano casi de closet que medio mundo cree que padece un desorden alimenticio.
Se preguntaron entre todos ellos, los unos a los otros “¿tú las usas?”. Para mi mente ingenua e ignorante fue realmente impactante ver tantas cabezas asintiendo a la vez.
Claro, no pude evitar que me hicieran la misma pregunta que a los demás, a la que simplemente respondí “sin comentarios”.

Claro, porque opinar sobre algo que no he probado pero que me resulta increíblemente estúpido desde su planteamiento. Por eso –como en este caso-, dejo sólo que se plasme en mi anecdotario con una etiquetota de “momentos surrealistas: gente que dice tener mucha autoestima haciendo cosas de gente con muy poca autoestima”.
Y yo que me sentía culpable por no hacer ejercicio últimamente.



hola que tal que mala onda que no quieras
compartir el o0mbre de la inyeccion deberias decir como se llama espero que me mandes el nombre de la dichosa inyeccion mira que te lo agradeseria toda la vida besos liz