Falta de estacionamiento para estudiantes, un atropellado y el desinterés de las autoridades universitarias por el mejoramiento de la calidad y la excelencia.
Recuerdo cuando nos avisaron que nos cambiarían de lugar la facultad. A decir
verdad, no le di mucha importancia. Creí que sería un cambio bastante positivo ya que un poco de nuevos aires no le hace mal a nadie. Pues bien, me equivoqué.
Iniciaré comentando lo que para mi ha sido mi primer semana y mis primeras impresiones de estas nuevas instalaciones. No todo es negativo, lo prometo.
Primero que nada, el complejo está constituido por 5 o 6 edificios si no me equivoco. Cada uno consta de 3 o 4 pisos donde hay aulas de clase, cubículos de maestros y baños en casi cada piso.
El día que fui con mi tutor -días antes de entrar a clases- pude ver algunos de los salones por fuera y un poco por dentro. Se miraban sencillos pero funcionales, de colores claros y doble pizarra en cada aula. Algunos bastante amplios en realidad.
Muchos lugares, como por ejemplo la biblioteca, se miraban bastante “vacíos”, con cajas apiladas por todos lados y algunos albañiles llevando y trayendo de acá para allá, pero en fin, me imagino que es parte de trabajar a marchas forzadas.
La nueva cafetería se veía algo pequeña pero bastante bonita. Tenía tan sólo un par de mesas y sillas pero se miraba bastante amigable. Nada que reprocharle.
Ahora lo malo.
El primer lunes, lo que no me esperaba -o mejor dicho, lo que no quería esperar-. A pesar de llegar temprano a mi primera clase, el estacionamiento destinado para los estudiantes estaba a reventar. Había decenas de autos haciendo una larga fila para que un tipo de lentes y gorra les hiciera simples señas con los brazos de “ya no hay”. Me terminé estacionando pues, en un espacio en rojo casi pegado con avenida Anahuac, y a decir verdad casi toda la semana me estacioné ahí. No por falta de respeto a nuestras leyes y reglamentos, sino por que de otra forma me hubiese tenido que estacionar muchísimo más lejos.
Pues bien, crucé la calle -que por cierto, carece de puente o cruce con señales para peatones-, caminé entre piedras y tierra pero logré llegar a la facultad. Pasé por el estacionamiento y de nuevo pude ver como lucían casi vacíos los estacionamientos para docentes -siempre que pregunto me dicen que es por que es inicio de semestre pero lucen igual de “pelones” todo el tiempo-.
Al llegar a mi clase, no pude dejar de notar la terrible acústica de las aulas y el sofocante calor que se siente en algunos salones tienen sin funcionar correctamente sus aparatos de aire acondicionado. La verdad que en verano, esas son cosas que no se perdonan.
En mi segundo día de clases salí a los barandales para mirar un poco el panorama, y para sorpresa de todos, pudimos ver como un estudiante fue arroyado. El iba cruzando la calle cuando un auto simple y llanamente lo arroyo y lo lanzó -según lo que vimos y las leyes de la física- un par de metros. Y ahí estaba él, tirado en el suelo, sobándose la cabeza y los autos sacándole la vuelta, ¿y el puente? bien, gracias, ahí nomás de inexistente.
Eso si, al día siguiente, ya había “conitos” y una patrulla en el semáforo más cercano.
Yo me pregunto si será necesario mi cadáver o el de alguien más para crear un cruce provisional ya que si por un atropellado pusieron conitos, pues…
Hacen falta muchas cosas que para mi son esenciales. Más que nada en pro de la seguridad de los estudiantes. Pero no me quiero poner quejumbroso, simplemente creo que si ya no podrán hacer algo por los estacionamientos o las banquetas, mínimo que hagan el cruce un poco menos “de vida o muerte”. Y sí, efectivamente, soy un llorón que se preocupa por poder cruzar un boulevard tranquilamente.
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Eres un poco contradictorio, exiges que todo funcione correctamente, lo cual me parece bien, sin embargo te estacionas en lugares donde no debes, solo por no cansarte, un consejo levantate mas temprano y no seas tan huevon como para caminar.